
Por Marvin Del Cid
Hace unos días tuvimos que retirarnos del restaurante Lo Típico, en el kilómetro 83 sobre la Ruta al Atlántico, en el departamento de Guastatoya, El Progreso junto con Sonny Figueroa, mientras estábamos almorzando. Veniamos de realizar una cobertura periodística cerca del lugar.
Eran las 3 de tarde cuando llegaron más de 30 hombres con fusiles y armas cortas. Varias personas también abandonaron el lugar por temor, luego de que los tipos y sus jefes prácticamente se apoderaran del restaurante. Incluso, los meseros se miraban entre sí con mucho miedo.
Se desplazaban en varias camionetas con vidrios polarizados y arsenales de armas (aparte de los fusiles y escuadras, saber qué más tenían dentro de los carros).
Fue tan burdo que hasta un helicóptero aterrizó en el parqueo. Así como lo leen: de él descendieron dos individuos.
Hombres armados se sentaron en varias mesas enseñando todo su arsenal.
Desde la Ruta al Atlántico se podía observar a los hombres que se apostaron en todas las entradas del lugar con fusiles y armas cortas, una imagen digna de cualquier serie de televisión.
Increíble el nivel de impunidad en Guatemala. La Policía Nacional Civil (PNC), el Ministerio de Gobernación y el Ministerio Público lo saben y no hacen nada.
Los policías asignados a las comisarías del sector son cómplices. No hay otra explicación.
Tras retirarnos del lugar, llamamos al 110 para explicar lo que estaba sucediendo y la Policía nunca apareció. Observamos durante más de media hora a cierta distancia.
El país está tomado por el crimen organizado.
Fueron momentos tensos, incómodos y de mucho peligro.
El Estado perdió el control de muchos territorios hace años y, con el actual gobierno, la situación sigue empeorando.
Nada de esto es normal. Nada de esto debe tomarse a la ligera.
La gente vive con miedo. En muchos municipios, los alcaldes son parte del problema, ya que son financiados por estructuras del crimen organizado y gobiernan junto a ellas.
Los gobernadores son, en la mayoría de los casos, figuras decorativas de un Organismo Ejecutivo deficiente.
Vean los ocurrido en Huité, Zacapa, el pasado fin de semana refleja una realidad alarmante. Existen señalamientos que deben investigarse para determinar si agentes del Estado estuvieron involucrados en la masacre ocurrida en el oriente de Guatemala.
De momento, no hay explicaciones claras por parte del presidente Bernardo Arévalo, del ministro de la Defensa, Henry Sáenz, ni del ministro de Gobernación, Marco Antonio Villeda.






