Adoradores del desorden y la impunidad

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    Por Alex Maldonado

    Periodista desde 1998. Se inició como reportero en Emisoras Unidas y en 2000 llegó a Nuestro Diario, en donde pasó por los cargos de editor y jefe de noticias. Periodista desde 1998. Se inició como reportero en Emisoras Unidas y en 2000 llegó a Nuestro Diario, en donde pasó por los cargos de editor y jefe de noticias.

    alexmaldonado@voxpopuliguate.com


    ¿Quién no recuerda en sus años de infancia esa voz ronca del hermano Jere?. Creo que ningún evangélico, que se precie de venir de un hogar cultivado en el fundamentalismo lo olvidará de la Radio Cultural, esa que inundaba las radios de todos los hogares evangélicos de Guatemala hace 20, 30 o 40 años (este es el tiempo que tengo esa voz firme en mi memoria).


    Lo recuerdo en sus programas de entre semana que los adultos nos obligaban a escuchar, pero también cuando los sábados se transformaba en el tío Jere, y su fuerte voz era seguida de las canciones de La Vecindad del Chavo, la de Heidi o todas las del famoso Cri Cri.

    Hace unos días volví a escucharlo, pero ahora para alegrarse con la noticia de que el Gobierno de Alejandro Giammattei, de un plumazo, decidió que la estridencia de abusivos disfrazados de servidores de Dios no debía ser motivo de multa y que quedaban exonerados de toda culpa aunque miles de personas que viven alrededor de también miles de iglesias los denuncien por contaminación auditiva.

    Resulta que, como es costumbre de todo político, Giammattei sabe que congratularse con los líderes religiosos es un arma eficaz para cautivar a un ejército de borregos. Y ni lerdo ni perezoso, a algún genial allegado se le ocurrió que eso que en cualquier país está regulado mediante leyes, y que en Guatemala no es más que una falta administrativa, ahora ni siquiera tiene sanción. Así como se lee.

    La contaminación auditiva, o acústica, se refiere al ruido, entendido como sonido excesivo y molesto, que afecta el sistema auditivo de las personas. Diversos estudios de Naciones Unidas, y propios de países industrializados, demuestran que los efectos de esta prolongada contaminación llega a afectar el sueño, la conducta de las personas o su memoria.

    También está demostrado que un bebé en gestación, expuesto prolongadamente a ruido excesivo, puede nacer con problemas de talla por estrés y puede causarle falta de atención en su etapa de crecimiento, limitando con esto sus capacidades.

    Vea aquí el más reciente informe mundial sobre la contaminación ambiental Fronteras 2022: ruido, llamas y desequilibrios https://yourshort.link/0HLEN

    Y qué tiene que ver eso con las iglesias. Quien habita en colonia, barrio, aldea o municipio y ha tenido la “ira de Dios en su contra” al vivir junto a una galera o una casa en donde se improvisa una iglesia y, aunque no tenga un solo mueble, (aquí viene el problema) si cuenta con un equipo de sonido, guitarra eléctrica, teclado o batería que suenan por todo lo alto como si el Creador no alcanzara a escuchar sus cantos por la distancia a la que se encuentra.

    Son más de 40 mil iglesias registradas en todo el país, y un alto porcentaje aún no lo está, por lo que la cantidad exacta se desconoce, pero es extraordinariamente alta. Y no todas tienen ese problema, claro, las grandes y medianas tienen infraestructuras que les permiten amortiguar el sonido y a las afueras es casi imperceptible. Pero las de barrio o las de pueblo, le dan duro al sonido, que hasta cuando uno pasa frente a ellas la estridencia es excesiva.

    En el mes del cariño, Giammattei fue demasiado meloso con todas. En Guatemala existe la Ley de Protección y Mejoramiento del Medio Ambiente, que en su artículo 17, dice:

    “Se considera actividades susceptibles de degradar el ambiente y la salud, los sonidos o ruidos que sobrepasen los límites permisibles cualesquiera que sean las actividades o causas que los originen

    Pero para nuestros gobernantes bastaron dos reformas (el Acuerdo Ministerial 402-2021 y la resolución administrativa 010-2021/DIGARN/CGCA del Ministerio de Ambiente) para suprimir multas de Q5 mil a Q100 mil, según la gravedad de la infracción denunciada por contaminación auditiva y también excluir a las iglesias de presentar un estudio de impacto ambiental para su creación. Esta transgresión selectiva de la normativa beneficia convenientemente solo a las iglesias evangélicas.

    El anuncio oficial mediante un tuit, dice: “La iglesia juega un papel fundamental en la sociedad, el Gobierno garantiza la libertad de culto y vela porque se cumpla. Por eso el presidente @DrGiammattei promovió la exoneración de multas a las ceremonias religiosas por uso de equipos de sonido”.

    Y para justificar que la feligresía se congratule con él, Giammattei tuiteó: “Mi Gobierno es garante de la libertad de culto, protegemos la libertad religiosa y somos uno de los pocos países en el hemisferio que tiene una política que preserva la vida desde su concepción hasta su muerte natural”, una frase a todas luces burda, sin sentido con lo que estaba aprobando y populista.

    ¿Qué tiene que ver la libertad de culto y la legalización o no del aborto con agregar a transgresores a un selectivo listado de impunidad?

    Es por ello que fue chocante escuchar hace algunas semanas una alegre plática entre el hermano Jere y el ministro de Ambiente, Mario Rojas, quien campante llegó a la Radio Cultural, a promocionar la noticia. “Estamos llamados a cumplir la ley todos los hijos de Dios” se atrevió a decir Rojas ante el micrófono, a lo que el hermano Jere contestó con un: “Claro, ja, ja, ja”

    Horas antes, Giammattei había dado las mismas justificaciones en el Palacio Nacional de la Cultura, ante decenas de pastores, apóstoles y líderes religiosos que, gozosos, le aplaudieron la impune decisión, y al final elevaron manos y oraron por “sus sabias decisiones”.

    En la radio, el hermano Jere terminó con un “gracias a Dios por los líderes”.

    Autor

    • Periodista desde 1998. Se inició como reportero en Emisoras Unidas y en 2000 llegó a Nuestro Diario, en donde pasó por los cargos de editor y jefe de noticias. En 2016 conformó el equipo de investigación de dicho medio en el que revelaron escándalos en la administración pública.

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