Atemorizar la finca

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    Por Bárbara Escobar

    Bióloga feminista, promotora de la ciencia y las causas justas. Transformar el mundo (aunque sea un poco) y la convicción de que podemos construir una mejor sociedad es lo que mueve mi vida.

    redaccion@voxpopuliguate.com

    Cuando empecé a escribir en blogs y columnas, lo hice pensando en hacer divulgación científica. No tardé mucho en darme cuenta que en un país como Guatemala, donde todos los días surgen injusticias que hay que señalar, también sentía ese llamado a aprovechar ese espacio para poner sobre la mesa este tipo de acontecimientos. Fue así como decidí “turnar” mis publicaciones entre una de temática científica y otra del contexto político. También tardé poco en darme cuenta que así de sistemática no podría ser. Guatemala es un lugar que duele a diario, donde siempre amanecemos con una nueva injusticia.

    El libro «Atemorizar la tierra», narra los acontecimientos relacionados con la invasión, conquista y colonización de Guatemala y hay ciertos fragmentos que son tan similares a la actualidad, que hasta dan escalofríos.

    “Las costumbres y el protocolo fueron ignorados en un despliegue intimidante de mano dura:

    Después de la muerte del rey [Belehé Qat] vino aquí [a Sololá] inmediatamente Tunatiuh a poner al sucesor del rey. En segunda fue instalado el Señor Don Jorge en el gobierno por la sola orden de Tunatiuh. No hubo elección de la comunidad para nombrarlo. En seguida les habló Tunatiuh a los Señores y sus órdenes fueron obedecidas por los jefes, porque en verdad le temían a Tunatiuh.”

    El libro narra acontecimientos de hace ~500 años, pero actualmente sigue siendo fácil identificarnos con la intimidación, el temor y autoritarismo que impera en el país. Guatemala sigue teniendo estructuras de poder que siguen viendo al país como una finca y que también siguen perpetuando una maquinaria para que funcione como tal. Esta perversa maquinaria hace temblar la finca cuando intimida, amedrenta, agrede y asesina a quienes le incomodan.

    Tan sólo en nueve meses de este año en Guatemala han quemado vivo a un sacerdote maya y líder indígena, asesinado a guarda recursos de áreas protegidas, criminalizado a defensores de derechos humanos y recursos naturales, intimidado a activistas, agredido y capturado a estudiantes y periodistas. Lo más alarmante es que, en este sentido, 2020 no ha sido un año atípico. La violencia hacia ciertos grupos es algo histórico y no por eso es normal. No por eso está bien.

    Tampoco debería pasarle a alguien cercano para que nos importe. Mientras más permitimos estas injusticias hacia ciertos grupos, más cerca está el día en que llegue nuestro turno y nadie haga nada al respecto. Es por eso que lo mínimo que deberíamos hacer desde nuestros distintos espacios es pronunciarnos cuando estos hechos ocurren. Es importante alzar la voz para demostrar que no es una persona, no es un grupo, somos muchas las personas hartas e indignadas de este sistema autoritario y esta maquinaria que sigue haciendo “funcionar” nuestro país como si fuera una finca. Sigamos denunciando, incomodando y resistiendo desde nuestros espacios para que, quizás algún día, este sea un país realmente libre, donde no tengamos que despertar cada día con una nueva noticia indignante.

    Aunque quisiera enfocar más tiempo y energía en escribir de ciencia porque es mi profesión y motivación, no puedo ignorar el contexto político del país. Aún debemos seguirle arrebatando nuestra libertad a la tiranía. Mucha sangre ha corrido ya en Guatemala como para que callemos ahora.

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    • Bióloga feminista, promotora de la ciencia y las causas justas. Transformar el mundo (aunque sea un poco) y la convicción de que podemos construir una mejor sociedad es lo que mueve mi vida.

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