Vox Populi desveló en una primera entrega que el expresidente Alejandro Giammattei usó recursos, personal y casi medio millón de quetzales (unos US$65 mil) del Ministerio de Cultura y Deportes (MCD) para producir e imprimir un libro de memorias de su gestión presidencial.
La investigación detalló que quienes consintieron el uso de fondos públicos fueron el entonces ministro de Cultura, Felipe Amado Aguilar Marroquín y el secretario de Comunicación Social de la Presidencia, Kevin Alberto López Oliva, en complicidad con otros funcionarios y trabajadores del Ejecutivo.
Esta segunda entrega incluye fragmentos del libro en el que Giammattei destaca varios puntos relevantes para él, pero omite la corrupción que prometió erradicar y que solo quedó en promesas, además de ponderar la reelección de Consuelo Porras como jefa del Ministerio Público (MP) lo que le garantiza impunidad a él y a su red de cómplices.

Sonny Figueroa
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Artículos de Sonny Figueroa

Marvin Del Cid marvindelcid@voxpopuliguate.com
Artículos de Marvin Del Cid
Giammattei abre el libro diciendo que ser presidente de Guatemala fue el desafío más importante en lo personal, profesional y político, recordando aquel 14 de enero de 2020 en que fue juramentado.
“Ver la Gran Sala Efraín Recinos del Centro Cultural Miguel Ángel Asturias repleta de personas y asumir ante ellas la responsabilidad de liderar nuestro país, fue un sueño hecho realidad, sí; pero también el inicio de una lucha aún más ardua: poner en orden un país” .
Aquel día, Giammattei prometió luchar contra la corrupción como parte de ese orden que pondría en su gobierno: “persigamos la maldita corrupción”, “la lucha contra la corrupción va a ser absoluta” y “hoy se inscribe el punto final de las prácticas corruptas”, fueron algunas frases de su proclama que duró 32 minutos.
No obstante, su administración es recordada por los múltiples casos de corrupción destapados por los medios de prensa independientes, Vox Populi fue el que más y mejor documentó el enriquecimiento ilícito de Giammattei y de su pareja, Miguel Martínez.
En las primeras páginas de sus Memorias…, Giammatei repite el término “transparencia”, pretendiendo hacer creer a los lectores que su administración no ocultó información y que fue accesible con la prensa y los ciudadanos.

Alejandro Giammattei cuenta anécdotas dignas quizás de quien habría dado su vida por el país y no por sus beneficios personales o por satisfacer a grupos de poder. Por ejemplo, asegura que dormía apenas cinco horas al día para atender las necesidades de los guatemaltecos.
“Un día típico en la Casa Presidencial comenzaba alrededor de las seis de la mañana y solía finalizar cerca de la una de la madrugada. Este horario se mantuvo casi todos los días. No era raro recibir llamadas a cualquier hora, incluso durante la madrugada, para abordar problemas, y siempre debía estar dispuesto a escuchar y a tomar decisiones. Podía ser un trabajo extenuante, pero la satisfacción de cumplir con el deber era lo que importaba” .
De lo que no dan cuenta las páginas es de las fiestas que organizaban con bastante frecuencia en la Guardia Presidencial del Cuartel General Matamoros y en la finca El Nacimiento, en Santa María de Jesús, Sacatepéquez, que ha generado una pesquisa por sospechas de haber sido adquirida con dinero sucio.
Cuando se hacían las reuniones festivas, Giammattei pedía a su seguridad que no lo interrumpiera, lo contrario justamente a lo que plasmó en su libro: Fueron años de despilfarro y de abuso de poder.
Crisis del COVID-19
En el libro, Giammattei se jacta de que, gracias a él, Guatemala fue el primer país en hacer obligatorio el uso de las mascarillas cuando se esparcía la pandemia por COVID-19, lo que impidió que hubiera tantos enfermos y fallecidos. Incluso, asegura que fue criticado por organismos internacionales, pero sostuvo la medida.
“Mi conocimiento epidemiológico contribuyó a que fuéramos el primer país en el mundo en implementar la medida de uso obligatorio de mascarilla. Recibí críticas y cuestionamientos, incluso de organismos internacionales como la Organización de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) que al inicio no recomendaban el uso generalizado de mascarillas” .
Sin embargo, la COVID-19 se convirtió en una oportunidad para enriquecer aún más a sus amistades del sector farmacéutico que habían financiado sus campañas políticas, como Francisco Valdés Paiz y su hijo adoptivo, Jairo Ernesto Ponce Fernández, casos investigados por este medio de comunicación.
Tampoco cuenta cómo su administración convirtió en millonarios a personas cercanas a su familia, uno de estos casos es el de Alan Manuel Mejía Romero, el mejor amigo de su hijo Alejandro Giammattei Cáceres, quien vendía aparatos electrónicos y pasó a ser proveedor del Estado en el rubro de salud, sin contar con licencias sanitarias, obteniendo contratos en el Ministerio de Salud, caso también documentado por Vox Populi.

En un párrafo ambiguo que no permite saber a ciencia cierta si se trata de un alarde o de una burla, Giammattei da cuenta de que ser un alto funcionario conlleva tener privilegios, como el hecho de que Estados Unidos envió tratamientos del fármaco Remdesivir para que fueran aplicados a funcionarios de su administración que se contagiaran con el virus.
“Recibimos una caja desde la Casa Blanca que contenía 10 tratamientos de Remdesivir, junto con las instrucciones de uso. En ese momento, este medicamento aún no estaba disponible en el mercado, pero solidariamente lo enviaron como una medida preventiva en caso de que alguien en una posición estratégica lo necesitara” .
Aquellas dosis enviadas por Estados Unidos, según el exmandatario, salvaron al entonces presidente del Congreso, Allan Rodriguez, quien estaba a punto de morir en el Hospital Militar, en la zona 16 de la Ciudad de Guatemala, tras contraer el virus.
“El primero en utilizar el Remdesivir, el mismo día que llegó a Guatemala fue el presidente del Congreso de la República en ese momento, Allan Rodríguez, quien se encontraba en una situación de salud muy delicada. En el hospital militar, incluso llegaron a pensar que no pasaría la noche. Sin embargo, al administrarle el Remdesivir, su estado de salud mejoró y logró recuperarse” .

Durante la etapa de pandemia, el gobierno de Giammattei anunció la construcción de un hospital en el Parque de la Industria. En el texto asegura que fue el “hospital y centro de cuidado intensivo más grande de Centroamérica”, aun cuando colapsó en varias ocasiones por la falta de insumos, medicamentos y personal.
Ese centro asistencial se construyó y se equipó con donaciones que hizo el sector privado. El propio Giammattei reconoce que todos los aportes sumaron US$1 millón, pero de esto no existe registro, porque esa información fue ocultada por la Comisión Presidencial del Centro de Gobierno que dirigía Miguel Martínez.
A pesar de que el Centro de Gobierno fue clausurado el 31 de diciembre de 2020, durante los tres años siguientes de la administración de Giammattei fue ocultado el destino de esos donativos y en los casi dos años de gestión del presidente Bernardo Arévalo tampoco ha sido posible desentrañar ese misterio y menos aún activar una denuncia penal.
Y pese a que en el documento hay un capítulo dedicado a la COVID-19, Giammattei evita hablar de la vacunación, porque esto significa recordar la estafa millonaria en la compra de 8 millones de vacunas Sputnik V a una empresa aparentemente vinculada con el gobierno de Rusia por US$79 millones (unos Q614 millones), negocio que resultó lesivo para los intereses del país.
Estados Unidos y Consuelo Porras
Un hecho por el que se recuerda a Alejandro Giamamttei y su gobierno es la reelección en 2022 de Consuelo Porras como fiscal general y jefa del MP, estando ya incluida en listas negras a nivel internacional por considerarla una persona corrupta.
El expresidente explica en sus memorias que la decisión de seleccionar a Porras para un segundo ejercicio fue tomada con cuidado y consideración; además, porque ella superó al resto de candidatos al momento de ser calificados por la Comisión de Postulación.
Al respecto dice que recibió presiones de Estados Unidos y de un organismo internacional para que no la reeligiera, pero no cedió. Según sus palabras, esto provocó tensión entre Guatemala y la administración del entonces presidente estadounidense Joe Biden.
“Hubo presiones externas, especialmente por parte de Estados Unidos, para que nombrara a otro candidato. Aunque tenía la opción de hacerlo, expresé claramente que sería Consuelo Porras. Defendí nuestra soberanía como país y dejé claro que, mientras yo fuera presidente, tomaríamos decisiones basadas en el respeto a nuestra autonomía. Esto no le agradó a Estados Unidos y hubo tensión entre ambos países” .
Al mismo tiempo, habría sido presionado por un funcionario cercano a la entonces vicepresidenta estadounidense: “La primera vez que tuvimos contacto fue cuando la vicepresidenta Kamala Harris visitó Guatemala. La segunda vez fue cuando uno de sus funcionarios me pidió no nombrar a la fiscal Consuelo Porras. Me dijeron que nombrara a cualquier otra persona, pero no a ella. (…) Recuerdo que, en cierto momento, un alto funcionario de un organismo mundial se acercó a mí y me aconsejó no nombrar a la fiscal Consuelo Porras. Me advirtió que me metería en problemas y que habría manifestaciones en las calles”.

En el libro hay varias fotografías de Consuelo Porras. Una de estas cuando se dan la mano con Giammattei tras su reelección y otra del año 2023 cuando rindió su informe anual de labores.
“Durante mi mandato nos propusimos fortalecer al Ministerio Público, dándole un enfoque prioritario y asignándole un presupuesto significativo. Durante mi mandato, hemos mantenido una buena relación con el Ministerio Público, respetando su independencia y no interfiriendo en su labor”.
Durante la administración de Alejandro Giammattei aumentó la criminalización por parte del Ministerio Público contra periodistas y ciudadanos que fueron críticos de sus políticas de Gobierno y que revelaron casos de corrupción en donde aparecen involucrados algunos de sus ministros y secretarios de Estado.
Un episodio que retrata las tensiones entre Guatemala y Estados Unidos ocurrió un día después de la reelección de Porras, cuando Giammattei anunció que no iría a la Cumbre de las Américas debido a las críticas que había recibido del gobierno de Biden.
“Cuando me negué a asistir a la Cumbre de las Américas, recibí presiones y amenazas por parte del señor Jake Sullivan, consejero de Seguridad Nacional de Estados Unidos. Él intentó convencerme de que era importante que asistiera, mencionando incluso la posible repercusión en la ayuda económica que recibía Guatemala”.
Un libro personal
El gasto de Q437 mil a cuenta del MCD para la impresión de tres mil ejemplares de las Memorias… de Alejandro Giammattei fue justificado bajo el criterio de “rendición de cuentas”. Es decir que en el documento se le informaría a los contribuyentes cómo y en qué se utilizó el dinero de todos. Sin embargo, Giammattei plasmó en las páginas del texto episodios de su vida personal relacionados con sus estudios, trabajo y carrera política.
“Me inscribieron en el Liceo Guatemala. Sin embargo, hubo un incidente en el que intentaron secuestrarme. Al parecer, fue uno de los grupos guerrilleros el que planificó el secuestro. Posterior al hecho, mis padres me cambiaron de colegio durante algunos meses y nadie sabía dónde me encontraba. Todos creían que estaba en El Salvador”.
Giammattei estudió medicina en la Universidad de San Carlos y en el documento asegura que en 1974 salió a protestar por el fraude electoral que se dio ese año (cuando le fue arrebatada la victoria en las urnas al general Efraín Ríos Montt, entonces candidato del Frente Nacional de Oposición, una coalición de democristianos y socialdemócratas).
“Salimos a las calles a protestar, enfrentándonos a los antimotines” (p. ), cuenta quien, irónicamente, siendo presidente años más tarde, usó a los antimotines para reprimir a la población que protestó en noviembre de 2020 en contra de la Comisión del Centro de Gobierno.

En otro de los renglones afirma que tomó consciencia sobre las repercusiones de la guerra interna cuando trabajó en la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y que como médico tuvo a su cargo el área del denominado Triángulo Ixil entre 1982 y 1985.
“Trabajé en los campamentos de refugiados, que posteriormente se convirtieron en las Comunidades de Población en Resistencia (CPR). Yo era el único médico que iba a esa zona civil. Durante ese tiempo viví y enfrenté las experiencias del Conflicto Armado Interno. Fueron vivencias complicadas y difíciles de relatar, pero formaron parte importante de mi trayectoria y me enseñaron lecciones valiosas. Una de ellas fue que todas las guerras son sucias y no hay buenos ni malos, porque ambos bandos cometen abusos y crímenes horrendos contra la población. Fue una época muy difícil en la que presencié cómo poblaciones enteras sufrían el impacto de la violencia por ambas partes del conflicto”.
Al parecer, aquellas lecciones valiosas duraron poco, ya que su gestión se caracterizó por aumentar el presupuesto de los militares y por no crear políticas en beneficio de las comunidades indígenas y campesinas que protestaron y marcharon en varias ocasiones pidiendo su renuncia como mandatario.
El texto es también una suerte de hoja de vida que deja de lado la “rendición de cuentas” que habría justificado el gasto en su producción. En 1985 y 1990, asegura Giammattei, trabajó en el Tribunal Supremo Electoral (TSE) como coordinador de las elecciones de esos años a pedido del magistrado presidente Arturo Herbruger Asturias.
“En 1990 presenté mi renuncia junto con los resultados. Sentía que el proceso electoral había sido exitoso y transparente, pero al ver que Jorge Antonio Serrano Elías resultó ganador, sentí que no podía seguir en un sistema político que permitía la llegada de personas con reputación dudosa. Le expresé al licenciado Herbruger que hoy elegimos a un ladrón y que mañana podría ganar un asesino”.
Aquél mañana llegaría, treinta años después, cuando Alejandro Giammattei ganó la presidencia de Guatemala luego de enfrentar un proceso penal por ejecuciones extrajudiciales (investigación que fue frenada por la Corte de Constitucionalidad) y cuestionado por los casos de enriquecimiento ilícito documentados por la prensa independiente.
En la página legal de Memorias Presidenciales se indica que no está permitida la reproducción parcial o total de este libro, ni su tratamiento informático, ni la transmisión de ninguna forma o por cualquier otro medio, ya sea electrónico, mecánico, por registro u otros métodos sin el permiso de los titulares de los derechos de autor, siendo estos la Editorial Cultura y Alejandro Eduardo Giammattei Falla.
No obstante, un texto producido por un ente estatal, y con dinero de los contribuyentes, debería de estar a disposición de los guatemaltecos sin excepción alguna, pero, como se mencionó en la nota anterior, sólo existe un ejemplar en las oficinas del Ministerio de Cultura y Deportes porque los demás desaparecieron.
Por esta situación, Vox Populi lo pone a disposición del pueblo de Guatemala.
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