No hubo fraude electoral, pero sí sobradas irregularidades

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Por Lucero Mendoza

Escribiendo en Vox Populi

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Ocurrió el evento electoral en medio de toda clase de hechos. Lamentables algunos y risibles otros. No podemos llamarles alegres, porque es evidente que lo que sucedió en los comicios nos genera sino una sintomatología de incertidumbre mezclada con estrés, ansiedad e impotencia debido a la conflictividad e irregularidades vividas en los centros de votación.

Partidos participando descaradamente en el acarreo de votantes, coaccionando el voto, atropellando la democracia. A pesar de que algunos organismos internacionales quisieron tapar el sol con un dedo respecto a la conflictividad, disturbios y violencia que se presentaron el pasado 16 de junio.

Algo positivo de las votaciones es que acudieron a las urnas un poco más del 50% de la población empadronada.

Es loable ver a una parte de la sociedad informada que supo hacer un sabio voto cruzado; es muy pequeña pero seguramente en un futuro el número de personas que voten consciente va a aumentar y se van a ir limpiando instituciones como el poder Legislativo, esa es la esperanza. No podemos reclamar que de la noche a la mañana se de una profunda transición en la depuración de los poderes, pero va a cuentagotas avanzando. Ahora hay representatividad de partidos nuevos que se vislumbran listos para hacer un cambio, pequeño, pero cambio al fin.

Por otro lado, se lamenta también la precaria actuación del Tribunal Supremo Electoral (TSE) en muchos casos.

Existió una escasa ejecución de campañas de información a la población referente al proceso electoral; a la renovación del Documento Personal de Identidad (DPI); el desconocimiento social de las nuevas normativas de la Ley Electoral y de Partido Políticos en cuanto al valor del voto nulo y su diferencia respecto al voto en blanco; el insuficiente manejo de la comunicación institucional del máximo ente que regula los procesos electorales y la entrega final de resultados. Acciones que en apuros se trataron de reparar cual remiendo con amparos de última hora planteados a la Corte de Constitucionalidad (CC). No resueltos, por cierto.

No se subcontrataron empresas para la Unidad de Medios que se quedó muy limitada en campaña de partidos políticos y fiscalización.

El país ha sufrido las consecuencias de unas elecciones poco planificadas y altamente costosas en lo literal y moral. Hay muchos millones ejecutados, de los cuales existe incertidumbre y temas que resolver.

Vemos unos magistrados del TSE que actúan improvisando y aseguran ahora que los resultados en el extranjero con 734 votos de un padrón de más de 63 mil ciudadanos, estaba previsto. De ser así, por qué no evaluar el inmenso gasto que se elevó a Q47 millones como atrevidamente publicaron algunos medios. Se debió haber utilizado un sistema electrónico funcional y efectivo.   Esto exhibe la indiferencia que les provoca hacer gastos para pruebas piloto que de antemano se sabe que van a fracasar. Eso o lo hicieron de manera premeditada.

Registro Nacional de Personas (Renap), el Registro de Ciudadanos, los magistrados y la Unidad de Medios parecieran desconocer que tienen una función común que es la de proveer las herramientas necesarias para velar por un proceso electoral transparente, funcional y efectivo; sin embargo, vivieron un divorcio comunicacional que dañó todo el proceso. Existió una falta de sentido común enorme para poder llevar un proceso eficiente en las cuestiones más básicas.

Es necesario dar más y más explicaciones. Mucho de los comicios salió improvisado y dejó mucho que desear.

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